Garrovillas de Alconétar
Municipio de la comarca de Tajo-Salor, en la provincia de Cáceres, célebre por su plaza mayor porticada medieval y por el yacimiento del puente romano de Alconétar, hoy junto al embalse de Alcántara.

Historia
La zona está poblada desde muy antiguo, como prueban los dólmenes de Guadancil y Cerro Garrote, excavados en el siglo XIX, y una espada pistiliforme de bronce hallada en 1931 en Alconétar, del último periodo de la Edad del Bronce (en torno al 1200 a. C.). En la confluencia del Tajo y el Almonte se asentó un castro prerromano; los romanos levantaron allí el puente de Alconétar, también llamado de Mantible, para el paso de la Vía de la Plata. En el siglo X los árabes construyeron una torre para defenderlo, de donde le viene el nombre de Alconétar ("el puentecillo"), y en 1133 el emir almorávide Tasufín ben Alí volvió a tomar la plaza. En 1167, Fernando II de León entregó a la Orden del Temple la fortaleza de Alconétar y sus tierras al sur del Tajo; hacia 1258 los templarios la abandonaron y pasó a manos de la Corona, hasta que en 1268 Alfonso X la dio en señorío a su hijo Fernando de la Cerda. La villa de Garro, aldea dependiente de Alconétar, recibió entonces el título de villa al quedar la propia Alconétar arruinada por una riada del Tajo; sus vecinos se trasladaron a Garro, que pasó a llamarse Garrovillas de Alconétar. El puente romano, ya en ruinas hacia 1368, no volvió a reconstruirse. En 1434 Juan II otorgó el señorío a Enrique de Guzmán, II conde de Niebla, y con el tiempo la villa pasó a formar parte del condado de Alba de Liste. En el siglo XVI, el capitán Alonso de Mendoza, natural de Garrovillas, pasó al Nuevo Mundo y fundó el 20 de octubre de 1548 la ciudad de La Paz, hoy sede del gobierno de Bolivia. Tras la caída del Antiguo Régimen, la localidad se constituyó en municipio constitucional y cabecera del partido judicial de Garrovillas, que llegó a agrupar catorce pueblos; el censo de 1842 recogía 1.200 hogares y 6.574 vecinos, cifra muy superior a la actual. En 1931 las ruinas del puente y el castillo de Alconétar fueron de los primeros monumentos de la provincia declarados bien de interés cultural.
Dónde está
Garrovillas de Alconétar se sitúa en el norte de la provincia de Cáceres, en la comarca de Tajo-Salor y el partido judicial de Cáceres, a unos 40 km al noroeste de la capital cacereña por la N-630/EX-302, trazado histórico de la Vía de la Plata. Su extenso término, de 206,85 km², se asienta a 327 m de altitud y limita con ocho municipios: Cáceres y Casar de Cáceres al sur, Navas del Madroño y Alcántara al oeste, Portezuelo al norte, Cañaveral al nordeste, e Hinojal y Santiago del Campo al este. El río Tajo, cerca de su confluencia con el Almonte, marca buena parte del límite occidental del término y hoy forma aquí el embalse de Alcántara, que ha anegado en gran medida el enclave histórico de Alconétar.
Qué ver
El monumento más conocido es la plaza Mayor o plaza de la Constitución, de más de 4.000 m² y origen medieval, una de las plazas porticadas más grandes de España: está flanqueada por casas de los siglos XV y XVI, en su mayoría de dos plantas, con soportales sobre columnas de granito y arquerías de ladrillo. El conjunto de la villa cuenta con dos iglesias parroquiales: San Pedro, la más antigua, de sillería granítica y tres naves, que combina elementos románicos y góticos del siglo XV; y Santa María de la Consolación, de comienzos del siglo XVI y estilo tardogótico, con una sola nave y célebre por conservar un órgano restaurado en 1595 por el organero italiano Horacio Fabri, considerado el más antiguo de la península ibérica y declarado bien de interés cultural en 2020. A las afueras se encuentra el convento de San Antonio, fundado en 1476 para franciscanos, exclaustrado en la desamortización de Mendizábal (1835) y saqueado en 1843 tras un falso rumor sobre tesoros escondidos; hoy en ruinas, está declarado bien de interés cultural e incluido en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra. En el término, junto al embalse de Alcántara, se conserva el yacimiento del puente romano de Alconétar —uno de los puentes de arcos segmentales más antiguos del mundo, tendido para la Vía de la Plata— y los restos del castillo de Alconétar o de Floripes, del que sobresale la torre del homenaje cuando el embalse baja de nivel; ambos fueron declarados bien de interés cultural en 1931. A unos 7 km del casco se levanta la ermita de la Virgen de Altagracia, patrona de la villa, de fábrica gótica del siglo XV con retablo del XVII; y en las afueras del pueblo hay otras ermitas populares de los siglos XVII-XVIII, como la de San Antón, la de la Soledad o los Santos Mártires y la del Cristo del Humilladero, junto a la de San Roque, fechada en 1601.
Fiestas
El 17 de enero se celebra San Antón: la víspera recorre las calles un sanantonero tocando una tambora y por la noche se quema una gran luminaria; el día del santo hay misa, juegos infantiles y procesión, en la que los vecinos obsequian al santo con embutidos y bebidas que después se subastan. El 3 de febrero, festividad de San Blas, tras la misa y la procesión sale la vaca romera —dos vecinos disfrazados con una cabeza de cartón— y por la tarde se celebra el paseo de las serranas, mujeres vestidas con el traje típico. En agosto se celebran los festejos taurinos de San Roque en la propia plaza Mayor, convertida en coso para capeas; datan de 1601 y son las fiestas más importantes del año, coincidiendo con el regreso de buena parte de los emigrantes. El 8 de septiembre, coincidiendo con el Día de Extremadura, tiene lugar la romería de la Virgen de Altagracia hasta su santuario; cada cinco años la imagen de la patrona baja además a la villa, lo que convierte esa edición en una fiesta mayor.