Basílica de Santa Lucía del Trampal
Una de las iglesias visigodas mejor conservadas de España, levantada en el siglo VII a 3 km de Alcuéscar sobre un antiguo santuario prerromano.

Qué es
La basílica de Santa Lucía del Trampal es una iglesia de época visigoda situada unos 3 km al sur de Alcuéscar, junto al manantial del Trampal, del que toma el nombre, en la falda de la sierra del Centinela. Es una de las escasísimas construcciones visigodas que se conservan en pie en toda la mitad sur de la península ibérica, y una de las mejor conservadas de España: de planta basilical con tres naves y un amplio crucero, su cabecera se resuelve en tres capillas rectangulares independientes abiertas al transepto, una disposición poco habitual que emparenta el edificio con otras grandes basílicas visigodas como San Juan de Baños. La mayoría de los especialistas sitúa su construcción hacia el segundo tercio del siglo VII, aunque la datación exacta sigue discutida y algunos autores la retrasan hasta el VIII o el IX.
Historia
El territorio de la actual Alcuéscar formaba parte del área de influencia de Emerita Augusta (Mérida), sede de uno de los obispados más importantes de la Hispania visigoda, cuyo peso religioso impulsó la construcción de templos rurales como este por toda la comarca entre los siglos VI y VII. Junto a la basílica existieron otras construcciones —hoy solo documentadas arqueológicamente— que formaban un conjunto monástico de cierta entidad para la época; de hecho, esta es la primera iglesia conocida en Extremadura vinculada a un monasterio prerrománico. El complejo permaneció activo hasta la invasión musulmana del siglo VIII y fue abandonado hacia el año 900; ya en el siglo XV recuperó uso religioso como ermita dedicada a Santa Lucía, advocación que conserva desde entonces. El edificio, que amenazaba ruina, fue objeto de una campaña de excavación y restauración a partir de 1980 que sacó a la luz buena parte de su historia: bajo el suelo y en el entorno inmediato aparecieron restos de un santuario prerromano e ideas romanas anteriores, entre ellos más de treinta inscripciones latinas —quince de ellas altares votivos— dedicadas a la diosa indígena Ataecina (identificada por los romanos con Proserpina), lo que convierte el paraje del Trampal en uno de los grandes santuarios conocidos de esta divinidad en toda Hispania.
Arquitectura
El templo está construido casi en su totalidad con sillares reutilizados de edificios más antiguos, en su mayoría romanos y prerromanos, muchos de ellos con inscripciones o molduras visibles reaprovechadas como material de construcción. La sillería, perfectamente escuadrada, se concentra en las esquinas y en los elementos de mayor exigencia estructural —la cabecera y el crucero, la parte auténticamente visigoda del conjunto—, mientras que los muros se rellenan con mampostería más irregular; el equilibrio del edificio se consigue por el contrapeso mutuo de sus volúmenes, sin necesidad de contrafuertes. Los vanos se resuelven con arcos de herradura y el interior se cubría originalmente con bóvedas de cañón de sección ultrasemicircular, hoy solo conservadas en parte. El cuerpo de naves que hoy se ve fue reconstruido en la Baja Edad Media, hacia los siglos XIV-XV, con pilares y arcos apuntados que sustituyeron el que se cree fue un atrio o nártex original.
Cómo visitarlo
La basílica se puede visitar de forma gratuita gracias al Centro de Interpretación de la Basílica Visigoda de Santa Lucía del Trampal, dependiente de la Junta de Extremadura, que explica su historia y contexto arqueológico junto al propio edificio. El horario habitual es de martes a sábado de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00 (17:00 a 20:00 en los meses de verano) y domingos de 10:00 a 14:00, permaneciendo cerrado los lunes; conviene confirmar el horario vigente antes de acudir, ya que puede variar. Se llega por la carretera EX-382 en dirección a Montánchez, a unos 3 km del casco urbano de Alcuéscar.