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Castillo de Garrovillas de Alconétar

Fortaleza de origen templario sumergida por el embalse de Alcántara desde 1969, de la que solo asoma la torre del homenaje en años de sequía.

Garrovillas de AlconétarCastillo o fortalezaSiglo XVCastillo de Floripes
Castillo de Garrovillas de Alconétar
Foto: Marbregal (CC BY-SA 3.0) · Wikimedia Commons

Qué es

El castillo de Alconétar, también llamado castillo de Floripes o de Rocafrida, se levanta junto al antiguo enclave de Alconétar, en la confluencia de los ríos Tajo y Almonte, no lejos del puente romano del mismo nombre. Su origen se sitúa en una fortificación de época islámica sobre la que, ya en el siglo XII, se asentó la Orden del Temple: Fernando II de León se la entregó en 1166, y los templarios la mantuvieron incluso después de que en 1203 Alfonso IX cediera la mayoría de las plazas de la zona a la Orden de Alcántara, conservándola hasta la disolución del Temple en 1312. La fortaleza fue después muy disputada entre las órdenes de Alcántara y Santiago hasta que, en 1268, Alfonso X la cedió en señorío a su hijo Fernando de la Cerda; en 1434 Juan II donó Garrovillas y Alconétar a Enrique de Guzmán, II conde de Niebla. La construcción actualmente en pie, de la que sobresale una torre del homenaje de planta pentagonal levantada sobre sillares de acarreo romano, se atribuye a una reedificación del siglo XV.

Cómo visitarlo

Desde que en 1969 se puso en carga el embalse de Alcántara (José María de Oriol), el castillo quedó anegado por sus aguas junto con el resto del antiguo enclave de Alconétar, incluido el cercano puente romano. Solo en años de sequía prolongada, cuando el nivel del pantano baja mucho, emerge la torre del homenaje entre el agua —la estampa por la que más se conoce el monumento—, y en las ocasiones más secas llega a asomar también parte de la cerca almenada. No es un monumento con acceso o visita guiada organizada: se contempla a distancia, desde las orillas del embalse, y su estado se describe como de ruina progresiva por la exposición continuada a la inmersión. El castillo y el yacimiento del puente romano de Alconétar, en el mismo entorno, fueron de los primeros monumentos de la provincia de Cáceres declarados bien de interés cultural, en 1931.