Castillo de Medellín
Fortaleza medieval levantada sobre la antigua alcazaba árabe, con vistas al valle del Guadiana.

Qué es
El castillo de Medellín corona el cerro que domina la villa, en la margen izquierda del Guadiana, levantado sobre los restos de una alcazaba árabe de la que los cronistas musulmanes Al-Bakrí (siglo X) y Al-Idrisi (siglo XII) ya dejaron constancia como plaza muy poblada. Fernando III conquistó la fortaleza en 1234, pero su fisonomía actual procede en buena parte del siglo XIV: Pedro I el Cruel ordenó su destrucción tras un episodio de rebeldía de su alcaide, Alfonso de Alburquerque, y su hermanastro Enrique II la reconstruyó hacia 1357 para el infante don Sancho de Castilla. La forma definitiva se alcanzó a finales del siglo XV bajo Rodrigo Portocarrero, primer conde de Medellín, y su viuda Beatriz Pacheco, que reforzó las defensas durante los conflictos sucesorios de 1475-1479.
Cómo es
De planta poligonal irregular adaptada al terreno, el recinto se divide en dos patios de armas separados por un muro transversal que conecta las dos grandes torres del conjunto, flanqueado por una barbacana perimetral. En su interior se conserva un aljibe de origen almohade, junto a la torre del homenaje, y restos de una alberca rectangular islámica conocida como el baño del moro. El castillo pasó a los duques de Medinaceli y en 1917 lo adquirió el Ayuntamiento de Medellín; hasta la década de 1960 llegó a usarse como cementerio del pueblo. Un lienzo de muralla se vino abajo hacia 1895 y fue reconstruido en 1978-79. Desde lo alto se domina el valle del Guadiana, el puente de veinte ojos y, a los pies del cerro, el yacimiento del teatro romano de la antigua Metellinum, ya en la ladera del propio castillo. Fue declarado monumento histórico-artístico el 3 de junio de 1931, antecedente de la actual figura de Bien de Interés Cultural, y en 2014 el conjunto patrimonial del término de Medellín —castillo incluido— se declaró BIC con categoría de Sitio Histórico. Se puede visitar (entrada de un euro).