Puente Romano de Alcántara
El puente de Trajano sobre el río Tajo, construido entre los años 104 y 106 d. C., uno de los puentes romanos más altos y mejor conservados de Hispania.

Qué es
El Puente de Alcántara, también llamado Puente Romano o Puente de Trajano, se levantó sobre el río Tajo entre los años 104 y 106 d. C., en la ruta que unía las ciudades romanas de Norba (la actual Cáceres) y Conimbriga, ya en el actual Portugal. Una inscripción sobre el arco central lo dedica al emperador Trajano, nacido en Hispania, y la tradición se lo atribuye al ingeniero Cayo Julio Lácer —cuya existencia histórica discuten no obstante algunos especialistas—, que habría sido enterrado según la leyenda en un pequeño templete de orden toscano conservado junto a uno de los extremos del puente. Con 194 metros de longitud y hasta 61 metros de altura sobre el cauce, es uno de los puentes romanos más altos conservados y una de las grandes obras de ingeniería del Imperio en la península ibérica: sus seis arcos, de altura desigual, se apoyan en cinco pilares de granito, y sobre el pilar central se alza un arco de triunfo de unos 10 metros. En el propio puente se conserva una inscripción que resume su ambición: «pontem perpetui mansurum in saecula» («puente que ha de durar por los siglos de los siglos»). El topónimo de la villa procede precisamente de esta obra: «Alcántara» deriva del árabe al-Qantarat, «el puente».
Cómo visitarlo
La Orden de Alcántara reforzó y modificó parte de su fábrica en el siglo XV, y desde entonces el puente ha sufrido varias destrucciones y reconstrucciones ligadas a su valor estratégico en la frontera con Portugal: quedó parcialmente dañado en 1213, durante el asedio con que Alfonso IX tomó la villa a los musulmanes; en 1543, bajo Carlos I, se reconstruyó su arco occidental y se coronó de almenas el perfil del arco central; sufrió un intento de voladura portugués en 1707, durante la Guerra de Sucesión; y perdió uno de sus arcos en 1809, durante la Guerra de la Independencia. Se reconstruyó de forma definitiva entre 1858 y 1860, bajo el reinado de Isabel II, con nuevos trabajos de consolidación ya en el siglo XX. Declarado Monumento Nacional el 13 de agosto de 1924, es además Bien de Interés Cultural por extensión de la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español. El acceso es libre y gratuito, y desde octubre de 2025 el puente ha quedado reservado al tránsito peatonal: un nuevo viaducto de 267 metros construido junto a él, con una pasarela-mirador hacia el propio puente romano, asumió el tráfico rodado que hasta entonces lo cruzaba —unos 237.000 vehículos al año—, dentro de un proyecto con el que la Junta de Extremadura anunció también la solicitud de su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad.